A LA MUJER, EN SU DÍA INTERNACIONAL
A modo de introducción
Esta nota debió ser posteada el 8 de marzo recién pasado. Lamentablemente, como ya ocurrió otras veces, la copia salió completamente desconfigurada e incongruente. La recompusimos y, ahora, con unos días de retraso la incorporamos de nuevo en este espacio como un homenaje al Día Internacional de la Mujer y en honor a todas las mujeres que, de una manera u otra, han tenido una notable influencia en nuestro desarrollo personal y profesional.
A las mujeres de nuestro entorno, en su día…

Aunque en nuestro país, hay un día consagrado a las mujeres bolivianas en el mes de octubre, es hoy también una fecha dedicada internacionalmente a honrar su contribución en el avance de la civilización y al progreso de los pueblos. Pero, en forma muy particular, a reconocer el esfuerzo, sacrificio e inmolación de valientes mujeres en su constante lucha por su emancipación y participación en la sociedad y su desarrollo personal bajo las mismas condiciones que los varones.
Las mujeres, desde los albores de la civilización y durante mucho tiempo, han estado sumidas en un plano muy inferior y, en algunas sociedades y culturas, casi en condiciones de semi-esclavitud. Su historia no siempre ha sido muy veraz ya que estaba muy influida por quienes la describían que eran predominantemente los hombres.
Sin embargo y, a pesar de esta discriminación y sometimiento, también desde tiempos antiguos, las mujeres tuvieron expresiones de liberación. Hay que recordar – mención muy general y escueta – a Lisístrata, protagonista de una huelga sexual para forzar a los hombres a que pongan fin a una guerra (siglo V antes de Cristo). Esta que seguramente es una de las primeras expresiones femeninas por hacer escuchar su voz, es relatada por Aristófanes en una obra de teatro que lleva precisamente el nombre de esta valiente mujer. O también el brutal asesinato de Hipatia de Alejandría, matemática de nombre en su tiempo (V – VI después de Cristo). La historia la reivindica como un símbolo de la liberación femenina y paradigma de la mujer científica y libre, la libertad de pensamiento y la independencia personal. En la época moderna, durante la revolución francesa, las mujeres buscaron, de manera más orgánica, la igualdad de género al reclamar para sí sus derechos políticos y de ciudadanía, sin discriminaciones.
A fines de del siglo XVIII y principios del XIX con la industrialización y el crecimiento de los trade unions – germen del socialismo y comunismo –, irrumpe el movimiento obrero en cuyo seno, a pesar de la posición tradicional de corte patriarcal de los obreros en relación a la igualdad de la mujer, emerge con fuerza también un movimiento feminista más “revolucionario” y orgánico que antes. Sus principales componentes reivindicativos eran el sufragio femenino, la igualdad de sus derechos respectos de los hombres, la denuncia de la opresión social familiar y laboral que tomarían fuerza paulatinamente hasta llegar a la situación actual.
Y así para adelante, en el curso de la historia de la humanidad, el papel de las mujeres ha sido relevante en el desarrollo de su propio sector secularmente disminuido, en unas más en otras menos, de acuerdo a las distintas culturas, que no es el caso enumerar aquí. Sin embargo hay que referirse a un verdadera epopeya que fue la que dio motivo a la institucionalización del día de la mujer y que marco un hito en la lucha constante por las reivindicaciones de la mujer y que todos recordamos con respeto.
Se trata de la historia universalmente divulgada sobre los acontecimientos ocurridos un 8 de marzo de 1908 en una fábrica de textiles de Nueva York. En la ocasión murieron calcinadas más de 140 trabajadoras en un incendio provocado por las bombas incendiarias que fueron arrojadas al interior de la fábrica ante la negativa de las obreras a abandonar el edificio donde se habían atrincherado en protesta por los exiguos salarios que les pagaban y las misérrimas condiciones de trabajo a que estaban sometidas.

En 1910, mes de agosto y en Copenhague, la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas reclamando, entre otras cosas, la demanda de sufragio universal para las mujeres, se aprobó la resolución que instituía y proclamaba el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Desde esa fecha, a su tiempo, algunos países reconocieron la justicia de tal determinación incorporando entre sus festividades esta celebración con carácter oficial hasta que en el año 1975, la Organización de las Naciones Unidas comenzó a celebrar el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer proclamando después el 8 de marzo de 1977 como Día Internacional por los Derechos de la Mujer y la Paz Internacional. A partir de esta resolución, muchos países oficializaron en sus calendarios esta celebración.
En Bolivia hay mujeres valerosas que han luchado, en su tiempo, ya por acompañar valientemente a los guerrilleros en las batallas por la independencia o buscando sus propias reivindicaciones de género. Hay que mencionar en el contexto a Bartolina Sisa, la esposa de Tupaj Katari que tuvo un rol activo, junto a su esposo, en sus luchas contra los españoles en la época de la colonia; Juana Azurduy de Padilla, valiente prócer de la independencia boliviana que mereció, por su heroísmo, el grado de Coronela del ejército argentino; las HEROINAS DE LA CORONILLA (así con mayúsculas), Adela Zamudio que con su fina inspiración poética, deviene ícono de la liberación femenina en nuestro país, o más recientemente, Domitila Chungara, mujer minera que, con mucho valor, tuvo la capacidad de cambiar el curso de la historia reciente de Bolivia y que nadie puede desconocer su aporte a la democracia. Seguramente, hay muchas más que silenciosamente han aportado con sacrificio e inteligencia al progreso de sus pueblos y de su propia liberación.
Y es por ello, justamente, en este día que no podemos omitir a quienes – mujeres ellas – pelean valerosamente por su país, su pueblo, su género y su familia. A las mujeres mineras, las campesinas, las proletarias, las profesionales, las empresarias, las que trabajan en oficinas, talleres u obras de la construcción; a las mujeres que estudian para superarse y construir el bienestar de su comunidad, su patria y su familia. A las mujeres madres, esposas, hermanas, hijas y amigas que nos acompañan, nos aconsejan e inspiran los sentimientos más profundos de respeto, amistad, solidaridad y amor.
A todas ellas, en la posición y coyuntura en que se encuentren, por el bien que hacen a la humanidad, con esfuerzo, sacrificio, la abnegación y sobre todo, el amor y la ternura que brindan y que inspiran; por que configuran la base de sustentación de la sociedad y la familia, nos inclinemos reverentes y les decimos – hoy y siempre – gracias; muchas gracias por haber llenado de luz, alegría y sentimiento nuestras vidas.
La Paz, 8 de marzo, 2013
joddy.haj@hotmail.com